El mañana llega a Valencia de la mano de George Clooney

tomorrowland.George Clooney. Ciudad de las Artes y Ciencias
Puesta de largo de lujo en el Hemisferic para recibir a los actores que encabezan el reparto de la última película de la factoría Disney, Tomorrowland. El actor George Clooney y el director y guionista Brad Bird, junto al resto del elenco, llegaban a su encuentro con la prensa pasado el medio día en una mañana nublosa poco lucida que acogía de nuevo, un año después, a los protagonistas que rodaron justo aquí, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, una parte de la película.

Y es que Valencia, o más concretamente la polémica arquitectura de Calatrava, encarna a la ciudad futurista de Tomorrowland. Los valencianos podrán reconocerse paseando, haciendo deporte o simplemente disfrutando de una agradable mañana de domingo por el antiguo cauce del Turia en hasta 30 minutos del metraje total de algo más de dos horas.

Clooney especialmente, y también Brad Bird, se ha mostrado muy agradable con la prensa *entre los que se encontraba Hortanoticias- y no ha dudado en bromear dando cuerda a su joven compañera de reparto, Raffey Cassidy, que en la cinta da vida a un robot. Todos han alabado la belleza de la ciudad, en la que dicen pasaron un tiempo de rodaje muy agradable y sobre la que Clooney no ha podido ocultar su admiración: «¡Mirad qué edificios, hay tanta esperanza aquí…!»

En esta aventura de ciencia ficción el actor interpreta a un genio cincuentón cascarrabias y desilusionado con la capacidad humana de cambiar el porvenir del mundo. En contraposición, Casey Newton (Britt Robertson), es una una brillante adolescente llena de optimismo y con curiosidad científica. Ambos se embarcarán en la arriesgada y difícil misión de hacer Tomorrowland posible y cambiar el rumbo del Planeta. Junto a los protagonistas hay que sumar algunas ausencias, como la de Hugh Laurie, que interpreta a u controvertido y brillante científico. Completan el casting David Nix, Tim McGraw, Kathryn Hahn, Keegan-Michael Key y Thomas Robinson.

Tomorrowland es un homenaje en toda regla a la figura de Walt Disney, su visión optimista y su confianza en el progreso como motor de cambio. En este sentido, el director, responsable también de grandes producciones como Misión imposible: Protocolo fantasma o películas de animación como Los Increíbles, expresaba que todos empezamos la vida como soñadores pero que progresivamente, con el paso del tiempo, nos van diciendo todo lo que no es posible. Para el propio Bird la película ha sido un regalo, pues a parte de haber colaborado ya con el mundo Disney siempre ha sido para él una gran influencia .

Pero no nos llevemos a equívocos. Además del mensaje que transmite sobre la importancia de que cada voz importa y de que todos tenemos que dar un paso adelante por aquello en lo que creemos, Tomorrowland no deja de ser una típica película de palomitas y entretenimiento para disfrutar en familia. En España podremos hacerlo a partir del próximo 29 de mayo, con el verano a la vuelta de la esquina y la sequía de grandes títulos que le suele acompañar.

Toda una una apuesta y un riesgo inversor el que corre Disney con esta historia cuyo argumento se había guardado con gran secretismo hasta la fecha. La recaudación en Estados Unidos se espera que ronde los 43 millones de euros, cifra que a penas se acerca a los 150 millones que ha costado la producción. Veremos cómo responde el público español.

Por Marta Pérez el 19 de mayo de 2015 Horta Noticias

Fassbinder, una mirada al cine alemán

Rainer Werner Fassbinder, el ilustre creador del cine alemán, fue también admirador de los grandes; de su compatriota Max Ophuls y también de Sirk y Godard. Pese a su muerte temprana, trabajó quince prolíficos años durante los que realizó una treintena de películas. Encontraba su inspiración en el teatro, en las series televisivas y en los elementos antológicos del cine americano. Sus herramientas favoritas, el melodrama, el Kistch y la nostalgia. Pese a todo, sufrió la censura del Estado, como otros muchos de su época.
Aún así, eso no impidió a Fassbinder retratar su Alemania natal, la Alemania de la posguerra con su vertiente más problemática, pues sus películas tenían un fuerte sentido político. Jóvenes, delincuentes ocasionales, la opresión de la mujer o los retratos femeninos son algunos de sus temas. Era, en definitiva, capaz de expresar con gran maestría la ternura de una mujer viuda en Mama Krunster se va al cielo, la crueldad de la lucha por una causa perdida en la Tercera Generación o los problemas de los homosexuales en Trece Lunas. Todos los que han trabajado y estudiado su obra coinciden en admitir que sus films tienen un fuerte componente autobiográfico.
Poco a poco, Fassbinder fue profundizando en su técnica, y convirtió el uso del cine hollywoodiense en una forma de desmontar los mecanismos de estilos en decadencia. Del mismo modo, su influencia en el teatro la percibimos en la penetración en los gestos con planos detalle, la utilización del espacio y la ubicación de los personajes en la escena, el encuadre, el movimiento de cámara y la angulación.
Como gran cineasta, sabía de la importancia de los inicios, de captar la atención del espectador desde el primer segundo de película. Por ello, todas sus obras suelen comenzar con un plano secuencia bastante largo que sirve para situar al espectador en la historia y su contexto. En Maman Kusters se va al cielo, por ejemplo, vemos un debut fulgurante. Pasa de manera magistral del plano general al plano detalle, luego otro diagonal… La puesta en escena es fantástica y muy cuidada, cada personaje ocupa su sitio en el espacio. Esto también tiene unas consecuencias a lo largo de la historia que Fassbinder sabe reflejar y enlazar de manera acertada.
Vemos en esta cinta de nuevo su implicación con los temas de calado social, económico, etc. de la sociedad de su tiempo. En este caso, nos presenta una concepción ecologista de la mujer de los años setenta, ante la crisis del capitalismo y del petróleo que Europa y el mundo en general están sufriendo. Muestra pues a una madre tradicional. También muestra desde los primeros planos de la película otra de sus predilecciones, el cabaret. En definitiva la cinta muestra la toma de conciencia de una persona que ha estado adormecida durante cuarenta años, que no había visto las injusticias de la vida y que vivía bajo la conformidad. Todo esto cambia al morir su marido de manera trágica en la fábrica en la que trabajaba, tras tratar de secuestrarla. El film cuenta con varios  círculos críticos: critica los medios y a los periodistas, por su sentimentalismo y sensacionalismo. También critica cómo los comunistas y anarquistas que son caracterizados como los “buenos” y “salvadores” de Mama Kusters, lo único que intentan es captarla como un miembro más de sus respectivos partidos.
Sus films, con sus rarezas y elementos más tradicionales plasman meritoriamente la complejidad de la sociedad, su adhesión política y realizan un efecto de lupa sobre ella. Sus films rozan siempre el melodrama, por eso podemos decir que el suyo es un cine barroco, ornamentado y en ocasiones algo rec

Sensibilidad e intuición al servicio del documental

Mirada expresiva, llena de calma y tranquilidad que transmite cierta timidez e introversión. Nicolas Philibert se muestra reflexivo mientras medita sobre su siguiente respuesta con una serenidad reposada, midiendo sus pausas y silencios. Este cineasta francés nacido en Nancy, que se lanzó a la fama internacional en 2002 con el exitoso documental Ser y tener (Être et avoir), representa la actual efervescencia y fuerza del cine documental. Con gran bagaje a sus espaldas y una vitalidad plena, responde casi a la perfección al perfil del cineasta, si a caso existiera uno: aspecto y ropa informal; vaqueros usados y una vieja camisa verde.

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Esta manera tan natural de mostrarse es reflejo de lo que transmite en sus películas, ya que cree en “la mirada singular, el cine de autor”. Creador de obras notables y de temática variada, que va desde el mundo de los sordos hasta la magia del Louvre sin público, todas sus películas trabajan sobre la idea de cómo aprender a vivir con los demás así como a respetar al prójimo. Cineasta siempre controvertido, prefiere no prestar demasiada atención a este tipo de cuestiones y centrarse en su trabajo.

Actualmente compagina su trabajo como director con el de profesor de documental en la Universidad de Saint-Denis (París VIII). La enseñanza puede ser un terreno pantanoso, pero para él no es comparable con su labor en el mundo del cine. “Creo que es más difícil ser director, porque creo que la experiencia no lo hace todo, y hacer una película es siempre difícil aunque ya hayamos hecho varias”.

Aunque su primera intención era estudiar cine, renunció a entrar en alguna de las dos grandes escuelas de cine de París, debido al alto nivel en conocimientos de química y óptica que exigían. Por ello, finalmente decidió estudiar filosofía. No obstante, ninguna de estas elecciones se hallaba exenta de precedentes familiares, pues su padre era profesor de filosofía y apasionado del cine. “Además de las clases en la universidad, daba una vez a la semana una clase pública de arte cinematográfica, así que no hace falta que diga de donde me viene el amor al cine”.

A través de sus películas lucha para que el documental sea considerado como un género cinematográfico por sí mismo, ya que es víctima de malentendidos y hay mucha gente que continúa pensando que se trata de algo triste, demasiado serio y quizá aburrido. Pero, contrariamente a esta creencia, Philibert defiende una postura que considera el documental una parte importante de la historia del arte. Se muestra entusiasmado con la idea de que proliferen los festivales de cine documental por todo el mundo, y afirma con rotundidad que “las salas están llenas; la gente tiene ganas de ver documentales, por lo que hay un verdadero movimiento hoy en día. El documental es una representación de la realidad que tiene mucho que decir, y es por eso que me dedico a ello, porque me gusta crear cada día”.

Gracias a pequeños trabajos de poca preparación como ayudante de decorados y asistente, durante las vacaciones de su primer año de carrera, Philibert comienza a introducirse poco a poco en el mundo del cine. Sus inicios como meritorio se producen en 1970 al lado de René Allio en Les Camisards. Con él colaboraría de nuevo en 1975 en Yo Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano…, película que lo marcaría para siempre y se convertiría en su inspiración para filmar en 2007 Regreso a Normandía, su última película hasta la fecha.

Hombre de acción, con el paso de los años ha aprendido que lo importante para hacer cine no es tener una gran formación teórica, sino rodar películas de forma incansable; y esto es algo que intenta transmitir siempre a sus alumnos y a todos los jóvenes cineastas que van en busca de su consejo. Es de los que todavía piensan que se puede sobrevivir al cine de Hollywood, pero del mismo modo considera que “es una cuestión de resistencia permanente. Vemos que en otros países de Europa hay otros modelos, otras formas de hacer cine. Sucede lo mismo en Japón, en Corea, en China…”. Si hay algo que lo caracteriza es la prudencia, ya que guarda con cierta desconfianza y gran recelo sus proyectos futuros para sí, sobre todo si se trata de compartirlos con la prensa. Por eso, prefiere responder a esta cuestión con una explicación concisa: “actualmente trabajo en dos proyectos, un corto documental y un largometraje también documental”.

El documental escogió a Philibert. Comenzó su primer proyecto precisamente con un documental, y tras éste se sucedieron una serie de obras también documentales que le enseñaron a amar este género y que sembraron en él las ganas de seguir sumergiéndose en él. “Nunca me he dicho en el pasado voy a convertirme en un documentalista; simplemente tenía ganas de hacer cine, y tras empezar rodando un documental he tenido ganas de seguir haciendo otros. No he acabado de explorar este terreno, porque es un terreno tan vasto o más que el de la ficción”. Versatilidad y renovación constante; son las armas con las que Philibert se bate en esta lucha en favor del buen cine. Dispone, en definitiva, de una sensibilidad especial para captar las escenas de la realidad y un instinto que transforma sus historias en obras maestras.