Sensibilidad e intuición al servicio del documental

Mirada expresiva, llena de calma y tranquilidad que transmite cierta timidez e introversión. Nicolas Philibert se muestra reflexivo mientras medita sobre su siguiente respuesta con una serenidad reposada, midiendo sus pausas y silencios. Este cineasta francés nacido en Nancy, que se lanzó a la fama internacional en 2002 con el exitoso documental Ser y tener (Être et avoir), representa la actual efervescencia y fuerza del cine documental. Con gran bagaje a sus espaldas y una vitalidad plena, responde casi a la perfección al perfil del cineasta, si a caso existiera uno: aspecto y ropa informal; vaqueros usados y una vieja camisa verde.

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Esta manera tan natural de mostrarse es reflejo de lo que transmite en sus películas, ya que cree en “la mirada singular, el cine de autor”. Creador de obras notables y de temática variada, que va desde el mundo de los sordos hasta la magia del Louvre sin público, todas sus películas trabajan sobre la idea de cómo aprender a vivir con los demás así como a respetar al prójimo. Cineasta siempre controvertido, prefiere no prestar demasiada atención a este tipo de cuestiones y centrarse en su trabajo.

Actualmente compagina su trabajo como director con el de profesor de documental en la Universidad de Saint-Denis (París VIII). La enseñanza puede ser un terreno pantanoso, pero para él no es comparable con su labor en el mundo del cine. “Creo que es más difícil ser director, porque creo que la experiencia no lo hace todo, y hacer una película es siempre difícil aunque ya hayamos hecho varias”.

Aunque su primera intención era estudiar cine, renunció a entrar en alguna de las dos grandes escuelas de cine de París, debido al alto nivel en conocimientos de química y óptica que exigían. Por ello, finalmente decidió estudiar filosofía. No obstante, ninguna de estas elecciones se hallaba exenta de precedentes familiares, pues su padre era profesor de filosofía y apasionado del cine. “Además de las clases en la universidad, daba una vez a la semana una clase pública de arte cinematográfica, así que no hace falta que diga de donde me viene el amor al cine”.

A través de sus películas lucha para que el documental sea considerado como un género cinematográfico por sí mismo, ya que es víctima de malentendidos y hay mucha gente que continúa pensando que se trata de algo triste, demasiado serio y quizá aburrido. Pero, contrariamente a esta creencia, Philibert defiende una postura que considera el documental una parte importante de la historia del arte. Se muestra entusiasmado con la idea de que proliferen los festivales de cine documental por todo el mundo, y afirma con rotundidad que “las salas están llenas; la gente tiene ganas de ver documentales, por lo que hay un verdadero movimiento hoy en día. El documental es una representación de la realidad que tiene mucho que decir, y es por eso que me dedico a ello, porque me gusta crear cada día”.

Gracias a pequeños trabajos de poca preparación como ayudante de decorados y asistente, durante las vacaciones de su primer año de carrera, Philibert comienza a introducirse poco a poco en el mundo del cine. Sus inicios como meritorio se producen en 1970 al lado de René Allio en Les Camisards. Con él colaboraría de nuevo en 1975 en Yo Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano…, película que lo marcaría para siempre y se convertiría en su inspiración para filmar en 2007 Regreso a Normandía, su última película hasta la fecha.

Hombre de acción, con el paso de los años ha aprendido que lo importante para hacer cine no es tener una gran formación teórica, sino rodar películas de forma incansable; y esto es algo que intenta transmitir siempre a sus alumnos y a todos los jóvenes cineastas que van en busca de su consejo. Es de los que todavía piensan que se puede sobrevivir al cine de Hollywood, pero del mismo modo considera que “es una cuestión de resistencia permanente. Vemos que en otros países de Europa hay otros modelos, otras formas de hacer cine. Sucede lo mismo en Japón, en Corea, en China…”. Si hay algo que lo caracteriza es la prudencia, ya que guarda con cierta desconfianza y gran recelo sus proyectos futuros para sí, sobre todo si se trata de compartirlos con la prensa. Por eso, prefiere responder a esta cuestión con una explicación concisa: “actualmente trabajo en dos proyectos, un corto documental y un largometraje también documental”.

El documental escogió a Philibert. Comenzó su primer proyecto precisamente con un documental, y tras éste se sucedieron una serie de obras también documentales que le enseñaron a amar este género y que sembraron en él las ganas de seguir sumergiéndose en él. “Nunca me he dicho en el pasado voy a convertirme en un documentalista; simplemente tenía ganas de hacer cine, y tras empezar rodando un documental he tenido ganas de seguir haciendo otros. No he acabado de explorar este terreno, porque es un terreno tan vasto o más que el de la ficción”. Versatilidad y renovación constante; son las armas con las que Philibert se bate en esta lucha en favor del buen cine. Dispone, en definitiva, de una sensibilidad especial para captar las escenas de la realidad y un instinto que transforma sus historias en obras maestras.

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